domingo, 19 de agosto de 2012

He vuelto...

19/08/2012 (Bis)

Han pasado casi dos años desde la última vez que escribí este blog. Dos años del tiempo lineal que nos une, pero en realidad ha pasado mucha más agua bajo el puente. Y han pasado tantas cosas desagradables en las décadas siguientes a esta inocente historia que realmente me encuentro muy perturbado. Tan poco tiempo y tanto por contar. No sé por dónde empezar.
Veamos, Julia no está conmigo en este momento. Espero que lo que nos viene sucediendo como pareja sirva como ejemplo a todas los géneros. El egoísmo del ser humano es tan grande que somos capaces de hacer desaparecer a toda una especie. Todos somos culpables, no hay ninguno que se escape de la responsabilidad del fin de una era. El éxito nos emborracha y aturde tanto que desvía la atención del objetivo final.
Yo debería estar haciendo otra cosa, pero estoy convencido de que este blog, si es compartido por ustedes y hes leído por la mayor cantidad de personas en el continente, puede evitar que el sinfín de reacciones que se sucederán en el futuro realmente ocurran.
Insisto, es todo muy confuso. Incluso para explicarlo. Por ello quiero ir despacio y por partes. Debo ordenar toda la información que tengo en mi cabeza para que ustedes logren entenderme, y lo más importante, creerme. No será fácil pero espero que lo hagan y que ante el primer impulso de susceptibilidad no dejen de leerme.
Bien, como dije pasaron un poco menos de dos años desde que escribí este blog por última vez. Pero en mi vida han pasado algunas décadas. Mi físico no es el mismo al muchacho alegre que conocían hace dos años. Ahora soy un adulto, sobre mi piel han transcurrido dos décadas. Sí, lo que se están imaginando es real, no es producto de una psicosis colectiva. He vuelto del futuro. En una par de décadas ya lo hemos logrado y esta etapa de mi vida ya la he vivido.
La misión por la que regresé es para hablar conmigo mismo, pero temo que el encuentro de un Yo del futuro con mi Yo contemporáneo, sin la preparación previa, pueda desencadenar una sucesión de hechos peores ha los que ya se han desencadenado.
Y algo más, no crean que es sencillo viajar en el tiempo. Yo no soy un tipo cualquiera en el futuro. Tengo algo de poder. A Julia y a mí nos fue bien profesionalmente en el futuro y logramos cargos importantes en el mundo. Ya habrá tiempo de hablar de mí, y por supuesto mucho más de Julia, más adelante. Por ahora enfoquémonos en no perder el hilo conductor. Sólo pensemos en que, ella y yo, aprovechamos la coyuntura mundial para avanzar rápidamente.
Otra cosa más y este es un mensaje para mí mismo. "He cambiado la contraseña del blog, para que no puedas acceder a ella. Por favor, no intentes recuperarla. Sólo lee lo que voy escribiendo que luego te la devolveré y la dejaré como era antes. Atento a esto: eres y serás mi guía por toda la vida".
He vuelto un mes antes de mi boda con Julia. El sábado 22 de septiembre nos casaremos. Tengo poco tiempo, deberé contactar conmigo antes de esa fecha y antes de casarme. ¿Qué que pasó en todo este tiempo? Bueno, lo común. Los últimos dos años, nos dedicamos a amarnos lo más que pudimos. Crecimos en nuestros puestos en ese trabajo que teníamos. Terminamos nuestras carreras y con la experiencia que logramos cambiamos de trabajo. Pasamos a tener cargos gerenciales junior en dos empresa de renombre, cada uno por su cuenta. Hace una semana anunciamos nuestro casamiento y desde esa fecha no hemos parado de recibir felicitaciones por las próximas nupcias.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Epílogo

¿Que qué pasó luego? Les contaré. Cuando terminamos de besarnos Julia y yo, Coti ya había desaparecido. Así de la nada se esfumó y no nos pudimos despedir. Nunca más la volvimos a ver. Intentamos llamarla luego para agradecerle lo que había hecho por nosotros, pero al parecer cambió de número o no nos quiso contestar más. No hubo forma de ubicarla y cual ángel que llega, hace su buena acción y se va, se marchó.
Entramos a casa agradeciéndoles a todos el aguante que nos tuvieron. Una mezcla de timidez y euforia nos invadía. Dentro nos esperaban los tíos de Julia. Silvana, la tía, preparó la mesa como la ocasión ameritaba. Esto se había vuelto como el regreso de hijo pródigo. En realidad la tía estaba encantada porque sabía que yo, modestia aparte, era un buen chico y que le hacía mucho bien a su sobrina. El tío peruano por cierto se preparó un plato de su país llamado cebiche en base a pescado y limón. Delicioso. Luego prosiguió la cena en base a pollo. No fue nada fuera de lo común y para terminar brindamos con algunas copas de Pisco Sour que también preparó el tío. La familia de Julia quedó feliz en su casa, pero Julia y yo nos fuimos a la mía después de agradecer el agasajo. No voy a contar lo que sucedió en mi apartamento con mi amor. Lo dejo a su imaginación.
Al día siguiente de regreso al trabajo fui a conversar con la jefa de personal, la cual con un respectivo aumento de salario y demás responsabilidades, me ofreció un puesto bastante atractivo, el cual, debía ser loco para rechazar. Así que, entonces, mi labor en el descubrimiento del caso de Miguel fue una catapulta para subir de golpe algunos escalones en mi ascendente carrera profesional. La cual, dicho se de paso, seguiría viento en popa hasta en algún momento llegar a ser directivo de la empresa a través de los años. Incluso logré convencer, a corto plazo, a la jefa de personal de que no podíamos prescindir de Julia en la empresa. Al corto tiempo Julia se reincorporaría nuevamente al puesto administrativo que había venido desarrollando antes de renunciar. El tiempo me daría la razón, pues, la labor de Julia fue más que destacable, ascendiendo peldaños, de igual forma, por su rama.
En cuanto a Leticia. Renunció a los pocos días convencida, o inducida debía decir, por la jefa de personal. Las pericias policiales determinaron que ella sólo había seguido órdenes y que no había tenido nada que ver con la planeación del desfalco planeado por el gil de Miguel. Sólo la ambición y la codicia habían terminado hundiendo a Leticia. Para aclarar un poco. Miguel le daba un dinero extra para seguir sus órdenes a cabalidad y sin hacer preguntas. Ella, tentada por el dinero, así lo hizo y casi se ve involucrada en un fraude de magnitudes. En cuanto a mí y a Julia, lo hizo sólo por vengarse del desplante que yo le había causado cuando terminamos nuestra relación. Que irónico, no se acordó nunca de los cuernos que me había plantado antes. Igualmente a Leticia, la mayoría de los compañeros de trabajo más cercanos a Miguel, se vieron involucrados del mismo modo, pero también terminaron liberados de toda pesquisa. Pues se comprobó que el único autor intelectual y ejecutor del timo fue Miguel, comprometiendo a más gente, pero sin darles conocimiento de los hechos.
En cuanto al gil de Miguel tuvo que pasar una larga temporada en la cárcel. Sé que adentro, debido a su personalidad, sufriría un tanto. Cuando salió de prisión, después de dos solicitudes rechazadas por buena conducta, le fue complicado conseguir trabajo, pero finalmente lo logró obteniendo un puesto como reponedor de productos en un supermercado. Sé, extraoficialmente, que no se aguantó en esa posición y que por sus méritos y artimañas pudo escalar posiciones hasta llegar a cargos altos en ese supermercado. Luego sería denunciado también a la policía por delinquir en perjuicio del supermercado. No sé bien con que cargos, pero si conocemos su pasado, podríamos perfectamente imaginar su futuro.
Recuerdan a Verónica. Pues ella continuó en lo suyo. No cambió para nada aunque logró darse cuenta que nunca pasaría nada entre ella y yo. De todos modos fue feliz con la relación que mantuvimos Julia y yo. Creo que era la más feliz de todos. Cierto día se apareció con un novio que la vino a dejar a la puerta. El tipo tenía el estilo de los sadomasoquistas, vestido con cuero y cadenas, fornido y de casi dos metros parecía duplicar en volumen a la pequeña Verónica. Ella fue feliz con él mientras duró el amor. Luego de un tiempo cambió de trabajo y le perdimos el rastro.
En cuanto a Julia y a mí, seguimos juntos. Nos casamos al año y medio de estos hechos. A nuestra boda llegaron todos nuestros conocidos y amigos más queridos. Fue una boda sencilla pero llena de amor. Nuestra vida de casados es común, pero no rutinaria. Tenemos todo lo que queremos y a veces discutimos pero sólo porque las reconciliaciones son lo mejor que hay. Un nene varón ilumina hoy nuestros días. Que más les puedo decir. Conocí a Julia, me enamoré con sólo verla, la conquista, la perdí y la reconquisté para no dejarla ir nunca más. Soy feliz y espero que ustedes por mí.

martes, 28 de diciembre de 2010

La hora D (Parte 3)

“Julia… yo sólo vine aquí esta noche para que sepas que lo que siempre te dije fue la verdad. Que yo lo menos que quiero es hacerte daño en la vida. Que si mentirte es hacerte daño; prefiero perderte diciéndote la verdad, que perderte hiriéndote. Eres lo más bello que me ha sucedido en la vida…”, me quedé pensando mientras Julia me escuchaba atenta con lo ojos brillosos por el llanto contenido.
“…puedo decirte estas y todas las frases cliché del mundo pero eso no te haría cambiar tu opinión sobre mí. Te conozco y sé que no eres una chica a quien es sencillo hacerle cambiar de opinión. Sé que cuando tienes una idea fija en la cabeza nadie te la saca”, me detuve para tomar aire y continué, “vine aquí, esta noche, con la esperanza de recuperarte y tenerte nuevamente en mis brazos. Pero me iré con la satisfacción de haber aclarado todo y si no eres capaz de dejar tus fantasmas de lado y aceptar que la vida no es fácil aún para los que hacemos las cosas bien, entonces no mereces ser feliz”.
La cara de Julia era una sorpresa bárbara ahora.
“Yo te amo, y como te conozco, si me amas vendrás a mí. Si no me amas me dejarás ir sin decir nada”, finalicé mi discurso no preparado.
Julia quedó en silencio mirándome. Todo el barrio la imitaba. Debe haber sido me imaginación pero juraría que el silencio fue tal que no se lograba escuchar ni la respiración de todos los allí presentes.
Al ver que no me respondía, y que Julia, sólo me otorgaba su silencio, opté por darme media vuelta e irme. Al avanzar un par de pasos veía como Coti me miraba condescendientemente luego de reprobar el rechazo de Julia hacia mi persona. Pero mi mente no se detuvo, fue como en el momento de tu muerte que pasa todo en un minuto. Y en realidad, estaba presenciando la muerte de una era, el fin de la relación entre Julia y yo. En las líneas de este blog quedarían registrados mis esfuerzos por conquistar a Julia. Ustedes han sido testigos de cómo lo logré, de nuestros tiempos felices y de cómo algunos indeseables se interpusieron en nuestro camino. Finalmente se enteraron de mis vanos bríos por reconquistarla y de cómo hoy acaba esta historia de amor entre Julia y yo. Quizá, como alguna vez una ex novia me dijo, no era el tiempo indicado para ambos. Quizá en alguna otra época hubiese resultado mejor.
Julia se quedó ahí de pie sin decirme nada mientras avanzaba sumergido en mis pensamientos. Todos los espontáneos espectadores sorprendidos veían como me retiraba vencido y alguno que otro avezado se atrevió a acercarse y darme ánimos con unas palmaditas en el hombro. Caminé con dirección a mi apartamento pero antes de llegar a la esquina algo sucedió.
Una voz me hizo detener. Fue un grito seco, breve, pero inmensamente esperado.
“Espera”, se dirigió a mí aquella voz.
Y deseando que haya sido Julia volví sobre mis hombros para darme cuenta que en realidad el grito había sido de Coti. Al saber que era ella la desesperanza inundó nuevamente mi alma. Las nubes cubrieron mi cielo que había estado a punto de despejarse. Quise emprender nuevamente la huída, derrotado. Pero Coti me volvió a gritar y esta vez me llamó por mi nombre indicándome con el brazo que vuelva. Regresé dudoso y cauteloso. No sabía que pensar. Entonces, señalándome a Julia me preguntó:
“¿Así la piensas dejar?”.
Julia se encontraba sentada con las piernas separadas en el filo de la vereda en la puerta de la casa de su tía. Su actitud también era de derrota, pero no lograba entenderlo, ella no me había detenido. Quedé contemplándola y ella no me miró siquiera. No se había dado cuenta de que estaba allí de vuelta. Coti me empujó incitándome a hablarle y le respondí con gestos que no creo que sea lo correcto. Me puso cara de extrañada y le expliqué que ella no me había detenido en el momento adecuado. Significaba que no quería nada más conmigo entonces. Que lamentablemente no podía hacer nada más.
“Que poco conocen los hombres a las mujeres”, indicó Coti para luego obligarme, “ve y háblale”.
Le hice caso, casi a regañadientes. No quería insistir más de lo debido. Me posicioné delante de Julia muy despacio y sin invadirla. Levantó la mirada sólo para darse cuenta de que era yo quien me encontraba frente a ella. Con su suave mano golpeando en el piso a su lado me invitó a sentarme. Le hice caso mientras el público seguía expectante el desenlace. En voz baja me dijo algo que no llegué a percibir completamente. Le pedí que me lo repita por favor y así lo hizo.
“No me conoces completamente”, me señaló.
“¿Por qué lo dices?”, pregunté intrigado.
“Porque si me conocieras completamente hubieses sabido que estabas perdonado desde tu anterior visita cuando hiciste todo eso debajo de la lluvia”.
Quedé atónito escuchando lo que me decía. Deseaba tanto escuchar lo que Julia me estaba diciendo que no supe como reaccionar cuando por fin llegó. Así que torpemente pregunté:
“Y entonces, ¿por qué me hiciste todo esto?”.
“Hoy sólo reviví algunas cosas que me dolieron mucho porque pensé que habían sido verdad. Necesitaba hacerlo”.
Mientras Julia me decía esto la mayoría de mujeres presentes, incluida mi aliada Coti, asentían con la cabeza dándole la razón. Así que no dije más y quien hablo fue Julia. Volvió a mirarme a los ojos para decirme:
“Pero también me di cuenta que duele mucho vivir sin ti”.
Su rostro dulce rogaba porque de la iniciativa y le robe ese beso anhelado pero, conocida ya mi personalidad, no podía quedar en la imagen de ella con esa frase torpe anterior (“Y entonces, ¿por qué me hiciste todo esto?”). Así que agregué una pregunta más:
“¿Me dejas conocerte mejor entonces?”
“Es lo más sensato que has dicho en toda la noche”, me respondió sonriendo entre feliz y pícaramente.
Nuevamente pude observar esa sonrisa celestial que me hacía derretir. No pude aguantar más, le tomé el rostro con una mano y me acerqué a ella para sellar la escena con un beso. Un beso que se hizo eterno y disfrutable. Este ósculo sólo llegó a su fin con el aplauso de la concurrencia. Entre felices y avergonzados nos abrazamos allí sentados pegados mejilla con mejilla. Sólo faltó el papel picado para que eso se vuelva una escena de novela adolescente.

La hora D (Parte 2)

Lo que vino fue bastante compulsivo. Su tía nunca entró nuevamente a la casa. Algunos vecinos que habían presenciado mi show bajo la lluvia de hace unos días atrás en esa misma fachada se detuvieron esperando el segundo capítulo. Esta vez no gritaba pues tenía a Julia a mi lado. De igual modo intentaban de lejos leernos los labios. Coti se encontraba detrás de Julia, a una distancia prudente, de pie esperando su turno para intervenir.
Julia desde que llegó había reconocido a Coti y sabía que era la hora. Por eso había asumido esa actitud expectante, la cual me desconcertaba. Era el responsable de todo ahora y era irónico saber que había sido capaz de descubrir un fraude de la manera más loable y no era capaz de comenzar a defender mi inocencia ante un ser amado.
“¿Entonces?”, preguntó Julia dirigiéndose a mí.
Me había quedado inmóvil de los nervios. El silencio se prolongó sólo por unos segundos pero a mí me parecía una eternidad y no encontraba en mi interior las fuerzas para arrancar. Era una lucha de poderes en mi interior. Una parte de mí quería salir huyendo y despojarme de una vez de todos lo líos y la otra parte sabía que debía quedarse porque superado este escollo se impondría la felicidad.
Al verme tan congelado, Coti, intervino en mi ayuda. Se presentó ante Julia. Le estiró la mano para saludarla, pero Julia no le devolvió el saludo. Coti retiró su mano herida en su amor propio. No le había gustado el gesto, pero sabía que era lógico que sucediese algo así, aunque no se lo hubiese visto venir.
“Bien, digo esto y me voy”, comenzó a decir Coti.
Sabía que debía intervenir, pero preferí dejar que las cosas se encausen y volver a tentar a mi suerte que tantas veces me había ayudado.
Coti le señaló a Julia que suponía que sabía quien era y que hacía ahí y comenzó a explicar todo lo que había sucedido esa noche. De cómo la habían contactado el gil de Miguel y Leticia, de cómo habían sido los planes, de cómo no salieron en un principio por culpa de mía, de cómo tuve que esforzarme para seducirme y no lo logró porque yo estaba enamorado de Julia, de cómo la habían presionado para que finalice su trabajo sellando aquél beso y de cómo no lo había querido hacer debido a que estaba segura que un hombre como yo no se merecía un castigo de esos.
“¿Y tú quieres que te creas?”, preguntó Julia.
“Deberías”, respondió Coti y señalándome agregó, “ese chico que esta allí se lo merece y por lo que veo tú te mereces un chico como él”.
Julia me miró y sintió que empezaba a revivir los recuerdos de aquella noche. Sintió que la herida no estaba cerrada del todo y que en el fondo, siempre había intentado negárselo, necesitaba este momento. Silvana tenía un rostro de preocupación y se mantenía expectante.
“¿Y por qué lo hiciste si sabías que podías causar mucho daño?”, volvió a la carga Julia como buscando un culpable a quien ajusticiar.
Era mucho más fácil para ella, cuando el culpable era yo. Era sencillo castigarme a mí. Ahora que sabía que yo era inocente, no entendía que había podido hacer ella para merecerse una vida tan sentimentalmente complicada. No comprendía como el mundo podía ser tan perverso y dañino, y como el destino se había empecinado con ella. Se preguntaba si acaso a Cupido no le habían alcanzado su nombre o la ubicación de su corazón.
“Es muy fácil para mí porque nunca había sentido el amor”, se justificó Coti
“Claro, por tu trabajito”, trató de castigarla Julia en busca de venganza.
Coti no se sintió muy afectada. Estaba algo acostumbrada a actitudes despectivas. Pero quedó en silencio. Luego le dijoseveramente:
“Mira niña, yo no tengo por qué soportar tus engreimientos. Todos sufrimos a nuestro estilo y manejamos nuestros propios problemas, si yo estoy aquí es porque creo que ese chico que tienes allí es lo mejor que le podría pasar a cualquier mujer. Él esta muy enamorado de ti y si no lo quieres avísame porque me lo llevaría yo si él quisiera”.
Estiré los brazos hacia Julia pero levantó una mano para indicarme que me detenga. Se tranquilizó un poco. Le pidió perdón a Coti con leve “disculpa” y luego mirándome a mí me preguntó:
“¿Crees que puedes venir aquí, acompañado de una prostituta para que te defienda, y pretender que yo te perdone para que todo siga en la normalidad en que vivíamos?”.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La hora D (Parte 1)

Me adelanté a Coti, quien se quedó de pie observando la casa, y golpeé a la puerta. Salió a atender Silvana, la tía, quedando sorprendida una vez más al observarme allí preguntando por Julia. Pasado el segundo de asombro reaccionó para indicarme que Julia no se encontraba en ese momento. Atrás, curioso por saber quien llamaba a su puerta, se asomó su esposo. Al reconocerme saludó sonriente y regresó a lo que habría estado haciendo. Que simpático resultaba siempre este peruano.
“¿Está segura que no está señora?”, pregunté desconfiado me la vaya a estar escondiendo por algún motivo desconocido.
Ella sonrió y me respondió que se encontraba completamente seguro y que le extrañaba no confíe en ella. Le expliqué que ella tenía razón y que nunca me había dado motivos para desconfiar de ella, es más su actitud para conmigo siempre había resultado encomiable. Pero si dudaba ahora, no era porque desconfiara de que me la oculte, sino que quizá a veces uno no se da cuenta cuando alguien llegó a casa. Y lo que en este momento me daba pie para pensar que eso podía estar sucediendo era que veía la luz de la habitación de Julia encendida.
Al decirle esto volvió la mirada hacia la habitación de Julia y se percató que yo tenía razón en lo que le manifestaba. Sin embargo, aún con todo, no tenía razón. Pacientemente me explicó que esa luz se encontraba encendida porque ella estaba haciendo limpieza en la habitación de su sobrina.
No la veía con ropa de limpieza, estaba más bien vestida con ropa de casa normal, pero nada que no se pudiese ensuciar y estragar en el proceso de limpieza de la casa. Es decir, no creo que uno se ponga un traje de gala para limpiar sabiendo que lo puede ensuciar. Si bien es cierto no estaba vestida de gala, era una vestimenta con la que tranquilamente podía salir a la calle y pasar por bien vestida. Le contradije lo que me explicó y me señaló que si bien no tenía porque darme explicaciones en algo comprendía mi actitud. Luego, más tranquilo ya, me di cuenta que me había puesto atrevido al cuestionarla de esa manera. Entonces, me señaló que estaba realizando una limpieza superficial. Limpiando los adornos y cositas pequeñas de las habitaciones y que aprovechaba a que Julia no estaba para hacerlo con tranquilidad.
Intenté convencerme a la fuerza de lo que me decía Silvana. No me cerraba la historia contada pero tenía que hacer un acto de contrición porque, como repito, nunca me había dado motivos para dudar de ella y porque no podía pasar por encima de ella para ir a ver a Julia.
En eso Coti, aburrida de esperar o desanimada por el viaje en vano, tomó asiento en el filo de la vereda. No lo había notado hasta ahora pero la ropa de Coti era muy provocativa. No insultante, pero si insinuante. No estaba vestida de diario. El movimiento realizado por mi acompañante debe haber llamado la atención de Silvana, quien al fijarse en su ropa, me preguntó su ella venía conmigo. Le respondí que si e improvisé para explicarle que ambos veníamos a conversar con Julia. Y en cierto modo era cierto. La cara de desconfianza de Silvana fue imperdible, pero su susceptibilidad moral, ahora, era lo que menos me importaba.
Pregunté a dónde había ido Julia y me señaló que lamentablemente eso no podía responderle. Le pregunté si no quería decirme o no lo sabía. Ella suspiró, como empezando a perder de a pocos la paciencia, indicándome que no lo sabía. Pregunté si sabía si demoraba y me dijo que tampoco. Medio desanimado di vuelta la cabeza buscando con el rabito del ojo a Coti para decirle que habíamos venido en vano. Todos mis miedos regresaron en ese instante. Miedo a perder a Julia, a que Coti se desanime en regresar, miedo a quedarme sin mi mujer soñada.
Pero no encontré a Coti donde estaba sentada hace un momento y en lugar de a ella, mis ojos encontraron a Julia, de pie en frente de mí, mirándome sin ninguna expresión en su rostro. Tenía el mismo rostro angelical de ella, sus cabellos atados, vestida con ropa del diario. Pero su hermoso rostro como indiqué, no tenía ninguna expresión que me diese una pista de cómo tomaba mi visita repentina. No había ni alegría, ni disgusto, ni sorpresa, ni desgano, simplemente se encontraba relajada. No tenía siquiera ese tufito a desgano que tenía ciertas mañanas cuando llegaba al trabajo desde la casas de sus padres. Se notaba que ese tiempo en casa de su tía le había hecho mucho bien.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Noticias en el Taxi

Al bajar del edificio tomamos el primer taxi que hubo disponible. Pero mientras esperamos se me notaba ansioso y los cinco minutos que tuvimos que esperar por un taxi se hicieron interminables. Coti intentó tranquilizarme haciéndome saber, mientras aguardábamos, que sólo habían transcurrido unos pocos minutos. Le di la razón pues debía estar calmo para lo que se venía. Le agradecí. Cuando por fin se apareció un taxi, que para variar no se apareció tan raudo como uno lo necesita, nos embarcamos rumbo a la casa de Julia.
“¿Dónde estaba?”, le pregunté al taxista al subir.
El chofer me miró con mirada de complacencia pensando que me quería lucir delante de mi novia. Sonrió y me preguntó el destino. Le respondí con la dirección de Julia y partimos.
Coti me aconsejó que me calme un poco y me preguntó si quería una pastilla para calmar los nervios. Le agradecí pero le dije que no, aunque me parece que no hubiese sido mala idea.
Mientras íbamos en camino pensaba en si no era muy tarde para llegar a casa de la tía de Julia. Silvana, su tía, solía ser muy comprensiva y tolerante pero uno nunca sabe como puede reaccionar cualquier persona ante diferentes estímulos. En fin, quizá me estaba revolviendo la cabeza sin tener de que preocuparme, pero la presión caía encima mío como si estuviese en el fondo del mar. Y cómo no estuviese ya suficientemente alterada recibí una llamada que añadiría un poco de sazón a este jaleo.
Contesté mi celular por el propio impulso que el timbre provoca sobre los músculos tensos por lo nervios. Era la jefa de personal. En un principio pensé lo pero. A lo mejor de alguna manera me habían relacionado con el gil de Miguel cuando yo no tenía nada que ver, pero lo descarté pues quién debería estarme visitando hubiese sido la policía y no recibir una llamada de la jefa de personal. En seguida dudé con haber hecho correctamente el trabajo, quizá llamaba para decirme que estaba todo mal, pero lo puse en duda porque personalmente me había preocupado por revisar varias veces el trabajo realizado. Alguna expresión extraña debo de haber puesto en ese momento porque incluso Julia se preocupó con la llamada llegando a preguntarme si estaba todo bien.
La jefa de personal primero me saludó y luego se disculpó por llamarme fuera del horario laboral. Pero ella aún se encontraba en la empresa y estaba revisando todo lo que yo había investigado en estos días. Como es mi estilo me encargué de pensar que era lo segundo que había pensado hace segundos atrás. Debía haber algo más sino por qué me estaría llamando. La dejé continuar sin meterme en su hasta ahora monólogo y me expresó que no quería dejar de pasar en ese momento, con lo sorprendida que estaba de mi eficiencia y lo orgullosa que estaba de tenerme en la empresa, brindarme unas verdaderas felicitaciones.
Respiré hondo. En realidad eran buenas noticias y menos mal porque algo más dentro del caos que me rodeaba hubiese llegado a ser infartante.
“Me deja sin palabras”, le transmití.
Me dijo que lo entendía y me explicó que por lo que había podido revisar el trabajo de Miguel para encubrir su fraude era casi perfecto y que el responsable de que no haya resultado perfecto era únicamente yo. Me sentí alagado sin duda y como dije antes, sin palabras. Continuó manifestándome de que estaba satisfecha con mi labor y que como toda acción tiene una reacción, mi buen accionar iba a ser recompensado con un ascenso. Me preguntó si me gustaría ocupar la posición que tenía Miguel con algunas responsabilidades adicionales y obviamente con un incremento salarial importante. Hubiese querido tener más detalles en ese momento, pero sabía que era prudente esperar y no pude decir que no. Antes de despedirse, me pidió que pase temprano por su oficina para ultimar detalles. Acepté y nos despedimos.
Ahora la sonrisa que tenía era inmensa de oreja a oreja. No me lo esperaba en realidad, me sentía satisfecho y orgulloso de mí mismo. Sin duda no era para menos. Pero como el tiempo es tirano, no tuve mucho tiempo de disfrutar este logro personal y profesional. Tendría que postergar los festejos, algo más importante me precisaba de toda mi atención. Habíamos llegado a destino junto a Coti, a quien por cierto, no comenté nada de lo que conversé telefónicamente. Pagué el taxi mientras Coti bajaba primero por la puerta de su lado. Cuando descendí del taxi, ella ya se había adelantado y estaba frente a casa de Silvana, la tía de Julia, enfrentándola desafiante. Mientras el taxi se retiraba quedé detrás de ella emulando su postura. Era hora de la verdad.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Confesiones

Ya de vuelta en el apartamento le pregunté a Coti si quería algo de tomar y me dijo que agua estaba bien. Le alcancé el agua y procedimos a sentarnos más relajados en el sillón. La conversación se reiniciaría tensa pero fluida a pesar de todo. Y digo a pesar de todo, pues por más que mi abuela con su monólogo perpetuo haya acaparado el grueso de la conversación soltando los nervios de un encuentro de naturaleza engorroso, las cosas habían vuelto a su cauce normal.
Empecé por explicarle porque no le había dicho quien era desde un principio pidiéndole las disculpas del caso. Ellas las aceptó sin hacerse de rogar, me parece que estaba más interesada en avanzar rápido hacia el grueso de mis intenciones. Pero se detuvo un momento en averiguar como había hecho para averiguar su oficio y algo más importante, cómo había conseguido su número de celular.
Le expliqué todo lo que me había costado conseguirlo. Le conté por donde había empezado a buscarla. Que me había enterado en un principio en el plan de Leticia y Miguel, cuáles habían sido sus intenciones y cómo, gracias a mi buena estrella, les habían salido mal todos los planes. Que luego armé un plan para averiguar más a fondo como había sucedido todo, esa noche y quienes habían sido los responsables. Le comenté también sobre mi estrategia de utilizar a Verónica para llegar hasta ella. De mi búsqueda infructuosa en Tres Perros y de cómo había podido quitarle a hurtadillas su número de celular a Verónica. No se lo diría nunca a Verónica, pero en ese momento a Coti sí le dije que creía que a Verónica la había enviado un ángel de vuelta desde su casa al boliche esa noche. No encontraba otra explicación, porque sin ella, no hubiese podido encontrar el paradero de Coti.
Luego de aclarado estos temas nos concentramos en el tema de fondo, la razón por la cual la había hecho llegar hasta mi casa con engaños: Julia. Primero me preguntó quién era Julia. Le respondí que era la chica más hermosa del planeta y a la cual amaba más que a nada en este mundo. Coti se quedó mirándome tiernamente, pero al quedármela observado en silencio con cara de sorprendido reaccionó para aclararme que la chica más linda era ella y que la verdad, esa chica tenía toda la suerte del mundo. Pues a ella le encantaría que algún hombre hablara así de ella también, a solas con otra mujer a la cual si sólo de lo pidiese podría acostarse con ella. “Pero en fin… continúa”, me señaló.
Me di cuenta que Coti no era completamente feliz aunque por fuera lo aparentase muy bien. Le seguí relatando lo que había sucedido en casa de Julia aquella noche de lluvia y cómo había logrado que me diese una oportunidad de aclarar las cosas, después de ese beso que había complicado la relación entre Julia y yo.
Coti me interrumpió para pedirme disculpas y me dijo que no era su intención. Yo le comenté que en realidad la entendía, era sólo su trabajo. Pero insistió en excusarse diciéndome que le parecía que nada podía justificar lo que había hecho y que nadie tenía el derecho de decidir sobre la vida de otra persona como lo había hecho el gil de Miguel. Aproveché en ese momento para colar información sobre su desfalco en el trabajo. Ella quedó sorprendida. Luego, recapacitando sobre aquél beso robado que me había encajado aquella noche en Tres Perros, culminó diciendo que no volvería a hacer algo así nunca más y no porque le acarreara problemas, sino porque no se sentiría bien consigo misma luego.
Finalmente le revelé que la única forma que encontré razonable para convencer a Julia de que yo sólo había sido la víctima, aquella noche, de toda una manipulación de momentos e imágenes. Que sólo había sido presa del destino ingrato. Y que esa forma a la que me refería era que Coti vaya a contarle todo a Julia.
Cómo era de esperarse, Coti, no se esperaba algo así. No pensó que mi solicitud llegaría de ese lado. Abrió los ojos de tal forma que llegué a pensar que se negaría por completo. Se quedó pensando y me preguntó si era la única forma que había hallado. Le respondí que sí y que si ella tenía una mejor proposición con gusto la escucharía. Bajó la cabeza y se quedó meditando unos segundos volviendo a la carga para preguntarme:
“¿De esa forma quedaríamos a mano?”.
Asentí con la cabeza en señal de afirmación con una expresión tal que denotaba mi desesperación. Y no era para menos, Coti, se había convertido en mi única salida. Lo pensó brevemente y me aseguró que estaba segura que luego se iba a arrepentir de hacer esto pero que si lo hacíamos ahora mismo y no en otro momento aceptaba. No saben la alegría inmensa que invadió mi corazón en ese instante. Por fin había conseguido lograr lo que hace unos días venía buscando con tanta ansia. Obviamente acepté su proposición, no sin antes saltar sobre ella para darle un abrazo interminable. Debo decir que se vio sorprendida por mi reacción, pero me siguió el juego. Esperó a que me cambie de ropa en mi habitación y en seguida partimos hacia la casa de Julia.